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Cepa blanca emblemática de Argentina, se produce únicamente en el país y posee un sabor inigualable.
Su surgimiento se debe a un cruzamiento genético de dos variedades incorporadas durante el largo periodo colonial: uva negra y moscatel de Alejandría o uva de Italia.
Existen tres tipos: el mendocino y el sanjuanino que poseen más aptitudes para el consumo en fresco y el riojano que es el más cultivado y el que expresa las mejores cualidades para la elaboración de vinos finos, muy frutados y a las vez secos.
Este vino presenta un color amarillo claro que ocasionalmente desarrolla matices dorados y verdes. Su aroma recuerda a rosas, jazmines y geranios. En boca aparecen los sabores de ensalada de fruta pura, a veces con toques de orégano y miel. Si bien sus aromas anticipan un vino dulce, su sabor revela una fresca acidez.
Acompaña muy bien sabores delicados de pescados y mariscos, platos aromáticos y picantes de la India, China y Tailandia, cocina fusión, empanadas salteñas, locro norteño o como aperitivo.

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